El Antigal

(L. y M.: D. Toro, Nievas y Petroccelli)

 

En tus viejos brazos se quedo el ayer,

rescoldo del alma arisca que se fue.

El tiempo en tus manos solas

quedo tendido sobre la luz.

Sangre reseca en la mañana,

llorando siglos a la voz del Sol

el grito inca estremeció el dolor.

 

Silencio descalzo por tu cuerpo va,

las piedras al viento le roban la sal,

los grillos duermen la tarde,

oro desnudo del cerro atrás.

Cayo la boca de tu noche

el oscuro acero de tu negra piel,

para dormirse entre la soledad.

 

Llorando al calor el llanto del indio

es un manantial febril mojado, El Antigal.

Lluvia que viene de Dios.

Antiguo cansancio, lento su andar,

tiene una lanza por el cordón,

y en sus espinas dejo las manos

para la sangre con otro calor,

y el rayo loco dio su corazón.

 

El destino de tu nombre fue final

y la luna aquella ya no alumbra mas.

La hembra cerro su vientre,

y por la frente se desangro;

dejo sus huellas hacia el norte,

busco el camino para allá morir,

y como madre llora también su mal.

 

Ronda por dentro el "amo sideral".

Anda por tus venas desde que se fue.

Levanta sus ojos negros

para cubrirte muerto y leal.

Clavo su pecho en la roca

como una vida, y sin gritar su voz

se oyó en el cielo hecha una maldición.